domingo, 2 de noviembre de 2014

Dn Jn Tnr.



Otro año que llenan de magia.




DON JUAN
Jamás delante de un hombre 
mi alta cerviz incliné, 
ni he suplicado jamás, 
ni a mi padre, ni a mi rey. 
Y pues conservo a tus plantas5
la postura en que me ves, 
considera, don Gonzalo, 
que razón debo tener. 
 
DON GONZALO
Lo que tienes es pavor 
de mi justicia.
 
DON JUAN
¡Pardiez!

Óyeme, Comendador, 
o tenerme no sabré, 
y seré quien siempre he sido 
no queriéndolo ahora ser. 
 
DON GONZALO
¡Vive Dios!
 
DON JUAN
Comendador,

yo idolatro a doña Inés, 
persuadido de que el cielo 
me la quiso conceder 
para enderezar mis pasos 
por el sendero del bien.
No amé la hermosura en ella 
ni sus gracias adoré; 
lo que adoro es la virtud, 
don Gonzalo, en doña Inés. 
Lo que justicias ni obispos
no pudieron de mí hacer 
con cárceles y sermones, 
lo pudo su candidez. 
Su amor me torna en otro hombre 
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel 
de quien un demonio fue. 
Escucha, pues, don Gonzalo, 
lo que te puede ofrecer 
el audaz don Juan Tenorio
de rodillas a tus pies. 
Yo seré esclavo de tu hija, 
en tu casa viviré, 
tú gobernarás mi hacienda 
diciéndome esto ha de ser.
El tiempo que señalares, 
en reclusión estaré; 
cuantas pruebas exigieres 
de mi audacia o mi altivez, 
del modo que me ordenares
con sumisión te daré. 
Y cuando estime tu juicio 
que la pueda merecer, 
yo la daré un buen esposo 
y ella me dará el Edén.

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