El sol había avanzado desde que llegara a la pequeña bahía, y ahora el sendero estaba en penumbra y fresco. Era como estar en una madriguera, una madriguera secreta, hecha de espinos, hogar de hadas, duendes y elfos. Estaban escondidos, observándola mientras avanzaba de puntillas por su mundo. Examinó la vegetación mientras avanzaba, intentando no parpadear, con la esperanza de cogerlos por sorpresa. Porque como todos saben, si un hada es observada, está obligada a conceder los deseos de quien la ha visto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario